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El deseo por David R.Hawkins

Hoy he querido compartir contigo un texto del libro Dejar ir de David R.Hawkins que te recomiendo. Este capítulo es maravilloso para poder comprender qué ocurre cuando deseamos y cómo poder atraer lo que deseamos. Sin más te dejo con esta joya, ¡¡que lo disfrutes!!


EL DESEO


Esta emoción abarca desde un leve deseo hasta lo obsesivo, en el anhelo de algo o alguien. También se expresa como en la codicia, la obsesión, el hambre, la envidia, los celos, el aferrarse, el acaparamiento, la crueldad, la fijación, el frenesí, la exageración, la sobre- ambición, el egoísmo, la lujuria, la posesividad, el control, la glorificación, la insaciabilidad y el materialismo. "Nunca se está satisfecho". "Nunca es suficiente". "Debo tener". La cualidad subyacente de esta emoción es su impulsividad. Cuando estamos en el efecto del deseo, ya no somos libres. Estamos controlados por él, dirigidos por él, esclavizados y llevados de la oreja por el. Una vez más, el punto esencial de la libertad es el de si hemos elegido conscientemente cumplir un deseo determinado, o si simplemente estamos siendo dirigidos inconscientemente por programas y sistemas de creencias.


El Deseo Como Obstáculo


A menudo hay una falta de comprensión de la función del querer y desear. La ilusión principal se ve en la afirmación: "La única manera en la que conseguiré lo que quiero es deseándolo; si me dejo llevar por mi deseo, no conseguiré lo que quiero." En realidad, lo contrario es cierto. El deseo, especialmente el deseo fuerte (es decir, el anhelo), con frecuencia bloquea lo que queremos conseguir. ¿Por qué es esto así? En realidad, la manera por la que algo llega a nuestra vida es porque lo hemos elegido. Fue el resultado de nuestra intención, o tomamos una decisión. Ha llegado a nuestra vida, a pesar del deseo. El desearlo fue en realidad un obstáculo para su realización o adquisición. Esto es porque el deseo literalmente significa, "yo no tengo." En otras palabras, si decimos que deseamos algo, estamos diciendo que no es nuestro. Cuando decimos que no es el nuestro, ponemos una distancia psíquica entre nosotros y lo que queremos. Esta distancia se convierte en un obstáculo que consume energía. Lo imposible se vuelve posible tan pronto como estemos totalmente entregados. Esto se debe a que el querer bloquea el recibir y da lugar al miedo por no conseguirlo. La energía del deseo es, en esencia, una negación de que lo que queremos es nuestro por pedirlo. Esta es una forma diferente de ver el logro de metas a la que estamos acostumbrados por la programación de nuestro mundo. Estamos acostumbrados a representar la ambición y el éxito asociados al trabajo duro y las clásicas virtudes de la " ética Protestantes". Estas incluyen el auto-sacrificio, el ascetismo, un gran consumo de esfuerzo y empeño, mantener la nariz en la muela, apretarse el cinturón, adaptarse, y toda la severidad del trabajo duro. Cuando miramos todo este panorama, parece difícil, ¿no es así? Bueno, lo es. Se trata de luchar, y de la lucha resulta el bloqueo que hemos puesto en nuestro propio camino debido al deseo. Comparemos el arduo camino de la conciencia inferior para lograr las metas con un estado superior de la conciencia en el que hemos reconocido y dejado el deseo, y estamos en un estado más libre. En un estado más libre, lo que se elige se manifiesta en nuestra vida sin esfuerzo. Entregamos la emoción del deseo y, a cambio, simplemente elegimos la meta, visualizándola amorosamente, y permitiendo que suceda porque vemos que ya es nuestra. ¿Por qué es ya nuestra? En un estado inferior de conciencia, el universo es visto como un sacrificio negativo, frustrante, y reacio. Es como un padre malo, mezquino. En un estado más elevado de conciencia, nuestra experiencia del universo cambia. Ahora se vuelve como un padre que da, ama, provee incondicionalmente y que quiere que tengamos todo lo que queremos, y está para que le pidamos. Esto está creando un contexto diferente. Está dando al universo un significado diferente. Aunque el mundo puede ser mezquino y hostil para las demás personas, no hay ninguna razón por la que debamos creer ese paradigma. Cuando lo adquirimos, hacemos que sea así en nuestra vida. A medida que experimentamos el dejar ir de los deseos, empezamos a ver que lo que hemos elegido vendrá a nuestra vida casi por arte de magia. "Lo que mantenemos en la mente tiende a manifestarse". Como se dijo antes, durante una época de desempleo supuestamente alto, algunas personas no sólo se empleaban sino que tenían dos o tres trabajos. Esta era una manera sorprendentemente nueva de ver el mundo cuando fue abordada por primera vez. Había esperanza en que fuera cierta, pero también un escepticismo que decía: "Esto no es posible en la práctica". Un pasado estricto de "ética Protestante" lo hacía difícil de creer; sin embargo, había voluntad de tener la mente lo suficientemente abierta como para darle una oportunidad. Esta fue la experiencia inicial de dejar ir el deseo. Las metas personales fueron escritas, seguido por un abandono del deseo por ellas. Suena paradójico, pero ese es el proceso: identificar los objetivos y luego dejar ir el desea por ellas. Uno de los objetivos que había mantenido en mente durante varios años era un apartamento en la ciudad de Nueva York, porque los compromisos de trabajo requerían una gran cantidad de desplazamientos y dinero invertido en habitaciones de hotel. Un pequeño apartamento en la ciudad -el llamado pied-à-terre- sería una solución económica. "Apartamento en la ciudad de Nueva York" fue escrito como una meta. Cuando se utiliza esta forma de lograr los objetivos, incluimos todos los detalles, tantos que parezca imposible para la mente racional el lograrlo. De manera que, el apartamento ideal fue detallado: razonablemente tasado, en la Quinta Avenida, en los bloques de los 70s, justo al lado de una de las entradas a Central Park, al menos ocho o nueve pisos de altura y en la parte trasera para que el ruido de la calle se redujera al mínimo, y no mayor de dos habitaciones y media. Al día siguiente en el trabajo, estuve ocupado como siempre, con una gran carga de trabajo, reuniones y visitas de pacientes. Entre las reuniones y los pacientes, la sensación de querer el apartamento sería reconocida y dejada. Y, a medida que el día avanzaba, el apartamento fue olvidado. A las 4:30 P.M, después del último paciente, se produjo de repente el impulso de ir en coche a la ciudad. A pesar del hecho de que era ostensiblemente hora punta, el camino estaba despejado y el coche tardó sólo media hora. El coche circuló hasta la 73 con Lexington, dirigiéndose lo más cerca posible a una inmobiliaria. Mas bien mágicamente, había encontrado aparcamiento justo enfrente de la inmobiliaria. El agente al escuchar el anuncio de que deseaba un apartamento en la Quinta Avenida, me miró sorprendido y dijo: "Bueno, ¡usted sin duda está de enhorabuena! Hace exactamente una hora encontré el único apartamento en alquiler en toda la Quinta Avenida, en la calle 76, en un noveno piso. Es un piso trasero, dos cuartos y medio, y el alquiler es razonable (alquiler con gastos $ 500.00 al mes). Acaba de ser 74 pintado y se puede mudar en cualquier momento". Así que me acerqué y vi el apartamento. Se ajusta exactamente a la descripción de la meta. ¡El contrato de arrendamiento se firmó en el acto! Así, a las 24 horas de intentar la técnica del dejar ir en un objetivo personal específico, el objetivo era una realidad. Había sido algo que era casi imposible de encontrar, y sin embargo, sucedió exactamente como se había imaginado, sin esfuerzo, y sin emociones negativas. Fue una experiencia fácil y alegre. Esta no es una experiencia inusual sino típica, porque en este caso el deseo fue moderado y pudo, sin mucho esfuerzo, ser entregado totalmente. Estar totalmente entregado, lo que significa es que era aceptable que sucediera lo del apartamento, y que no lo hiciera. Debido a que se entregó totalmente, lo imposible se hizo posible, manifestándose sin esfuerzo y rápidamente. Todos podemos dudar de este mecanismo y volver la vista atrás en relación a las cosas que queríamos y que se lograron a través de la ambición, el deseo, el anhelo, e incluso la obsesión, el querer frenético. La mente dice: "Bueno, ¿y si hubiera dejado el deseo de esas cosas? Si no fuera por el deseo, ¿cómo las habría conseguido?" La verdad es que podrían haber llegado de todos modos, sólo que sin la ansiedad (el miedo a no conseguirlas), sin todo el gasto de energía, sin todo el esfuerzo, sin todo el ensayo y error, y sin todo el trabajo duro. "¡Bien!" dice la mente, "si lo conseguimos sin esfuerzo, ¿qué hay del orgullo por el logro? ¿Deberíamos sacrificar eso?" Bueno, sí, tendríamos que renunciar a la vanidad de todo ese sacrificio y trabajo duro que pusimos en ello. Tendríamos que dejar el sentimentalismo sobre el auto-sacrificio y todo el dolor y el sufrimiento que tuvimos que pasar para lograr nuestros objetivos. Esta es una perversión peculiar en nuestra sociedad, ¿no? Si de repente tenemos éxito casi sin esfuerzo, la gente nos envidia. Lo que realmente les molesta es que no hayamos tenido que pasar por todo tipo de angustias, dolor y sufrimiento para llegar allí. Su mente cree que esa angustia es el precio que hay que pagar por el éxito. Echémosle un vistazo a esta creencia. Si no fuera por la programación negativa que nos ha hecho creer lo contrario, ¿por qué deberíamos pagar algún coste de dolor y sufrimiento para lograr cualquier cosa en nuestra vida? ¿No es esa una visión bastante sádica del mundo y el universo? Otros bloqueos para el logro de lo que queremos y deseamos, por supuesto, son la culpa inconsciente y la pequeñez. Curiosamente, el inconsciente nos permitirá tener sólo lo que creemos que nos merecemos. Cuanto más nos aferremos a nuestra negatividad y a la pequeña imagen de sí mismos que resulta, menos pensamos que nos merecemos, y más nos negamos inconscientemente a nosotros mismos la abundancia que fluye tan fácilmente a los demás. Esa es la razón del dicho: "Los pobres se hacen más pobres y los ricos se hacen más ricos". Si tenemos una visión de escasez de nosotros mismos, entonces lo que merecemos es la pobreza, y nuestro inconsciente se encargará de que tengamos esa realidad. Al renunciar a nuestra pequeñez y revalidar nuestra inocencia interior, y a medida que dejemos de resistir nuestra generosidad, franqueza, confianza, amor y fe, el inconsciente iniciará automáticamente la organización de las circunstancias de la vida para que empiece a fluir la abundancia en nuestra vida.


Tener-Hacer-Ser


A medida que nos liberamos de los estados de conciencia inferiores como el de la apatía y el miedo, entramos en el querer. Lo que antes era "no puedo" e imposible ahora se hace posible. La progresión general de los niveles de conciencia, a medida 75 que avancemos desde el más bajo al más alto, es pasar del tener al hacer y al ser. En los niveles inferiores de la conciencia, tenemos lo que apreciamos. Es lo que tenemos lo que queremos. Es lo que tenemos lo que valoramos. Es lo que tenemos lo que nos da nuestra propia auto- imagen de valor y posición en el mundo. Una vez que nos hemos demostrado a nosotros mismos que podemos tenerlo, que nuestras necesidades básicas pueden ser cubiertas, que tenemos el poder para mantener nuestras propias necesidades y las de las otras personas que dependen de nosotros, la mente comienza a interesarse más en lo que hacemos. Entonces, pasamos a un sistema social diferente en el que lo que hacemos en el mundo es la base de nuestro valor y de cómo los demás nos califican. A medida que ascendemos en amor, nuestro quehacer está cada vez menos preocupado con el servicio a uno mismo y se vuelve cada vez más orientado al servicio de los demás. A medida que nuestra conciencia crece, vemos que ese servicio, que está amorosamente orientado a los demás, automáticamente deriva en el cumplimiento de nuestras propias necesidades. (Esto no significa sacrificio. El servicio no es un sacrificio.) Finalmente, hemos llegado al convencimiento de que nuestras propias necesidades son cumplidas automáticamente por el universo, y nuestras acciones se convierten casi automáticamente en amor. Llegados a este punto, ya no es lo que hacemos en el mundo, sino lo que somos lo que cuenta. Nos hemos demostrado a nosotros mismos que podemos tener lo que necesitamos, que podemos hacer casi cualquier cosa, con la disposición adecuada. Y ahora lo que somos, por nosotros mismos y para los demás, se vuelve más importante. La gente ahora busca nuestra compañía, no por lo que tenemos, no por lo que hacemos ni por las etiquetas de la sociedad, sino por aquello en lo que nos hemos convertido. Debido a la cualidad de nuestra presencia, la gente sólo quiere estar cerca de nosotros y sentirnos. Nuestra descripción social cambia. Ya no somos la persona que tiene un apartamento de moda o un gran coche o una colección de baratijas, ni se nos etiqueta como el Presidente de esta o aquella Corporación o miembro de la Junta Directiva de ninguna organización. Ahora se nos describe como una persona espléndida, como alguien con quien la gente sólo ha de reunirse, sólo ha de conocer. Nos describen como una persona carismática. Este nivel del ser es típico de los grupos de autoayuda. En los grupos de auto-ayuda, nadie está interesado en lo que los demás hacen en el mundo, o lo que tienen. Sólo están interesados en si hemos logrado o no ciertas metas internas, tales como las de la honestidad, la transparencia, la generosidad, el amor, la disposición a ayudar, la humildad, la sinceridad y la consciencia. Están interesados en nuestra cualidad de ser.


El Glamour


El Glamour es un tema a entender de gran utilidad. Una vez que lo entendemos, facilita en gran medida el dejar ir de los deseos. El libro Espejismo (Glamour): Un Problema Mundial (1950), de Alice Bailey, presenta todo el tema con maestría. Si nos fijamos en algo que queremos, podemos empezar distinguiendo entre la cosa en sí misma frente al aura, la pátina, el flash, y el efecto magnético de atracción de una calidad que podemos mejor describir como "glamour". Es esta disparidad entre lo que una cosa es en sí misma, y el glamour con el que nos hemos unido a ello, lo que lleva a la desilusión. Muy a menudo hemos perseguido algún objetivo y, luego, cuando lo logramos, estuvimos decepcionados. Esto es porque la cosa en sí misma no coincide con nuestras representaciones de ella. Glamour significa que le hemos añadido sentimentalismo o lo hemos hecho más grande que la vida. Hemos proyectado sobre una cosa una cualidad mágica que de alguna manera nos lleva a pensar que, una vez la adquiramos, mágicamente alcanzaremos un estado más elevado de felicidad y satisfacción. Esto sucede muy a menudo con las metas profesionales. Un hombre trabaja año tras año luchando por convertirse en presidente de la compañía o ser importante y destacar de alguna otra forma. Cuando lo logra, espera experimentar toda la satisfacción y el glamour asociado a ese nivel de éxito: el peloteo de los empleados, los coches llamativos, el despacho imponente, los tratamientos, la autoridad, y los lugares exclusivos. Pero lo que encuentra es que todas estas cosas son superficiales. Son compensaciones muy insuficientes por la pérdida de energía y la agonizante molienda diaria que, en realidad, requiere el puesto. Aunque imaginaba que iba a recibir admiración, lo que a menudo se encuentra en los niveles superiores es crueldad, competitividad, envidia y la interminable adulación y las manipulaciones fraudulentas que les ocurren a la gente en el poder, incluyendo los ataques paranoicos de los competidores. Él descubre que su energía está tan agotada que no le queda energía para su vida personal; sus relaciones se deterioran. Su esposa se queja de que está demasiado cansado para hacer el amor, demasiado consumido para darle la energía que ella necesita, demasiado gastado para ser un buen padre, y demasiado cansado incluso para disfrutar de su actividad recreativa favorita. Lo mismo ocurre con las mujeres en las áreas tradicionalmente femeninas de éxito. Una mujer piensa, por ejemplo, que si se pone el vestido de cierto diseñador para una fiesta, el vestido atraerá la atención, la adulación y la admiración, y que conseguirá cierto estatus social. Con mucho sacrificio, gasta una gran cantidad de dinero y esfuerzo en el vestido, de aquí para allá buscando complementos. Pero, ¿qué sucede? Que en la cena de la fiesta, hay algunos comentarios pasajeros sobre su vestido y eso es todo. Nadie baila con ella más de lo habitual. No es más conocida de lo que lo era antes de la fiesta. Y no recibe ninguna genuina atención adicional a la que recibía antes de la fiesta. Recibe algunas miradas hostiles, de envidia de las otras mujeres que reconocen lo que probablemente pagó por el vestido. Durante la noche, ella tiene la usual conversación con su acompañante, y se van a casa en coche sin apenas dirigirse la palabra, igual que en el pasado. A medida que las mujeres consiguen éxitos en los ámbitos políticos y empresariales, se enfrentan a la decepción que acompaña el anhelado y glamuroso rol del liderazgo en la opinión pública. Lo que se predijo que aumentaría el prestigio y la estima traerá la crítica, la envidia y la hostilidad, -incluso el de las otras mujeres. La experiencia de lograr su objetivo a menudo no es como pensó que iba a ser. Recibe interminables críticas por ser una mujer conocida y por su aspecto, y puede sentir la persistente sensación de inquietud interior de que le está fallando a su familia por buscar la realización profesional. "Ganar" no es a veces tan liberador como el glamour nos quieren hacer creer. Las metas emocionales también son idealizadas por el sentimentalismo y la emotividad. Una cierta excitación es proyectada sobre acontecimientos emotivos (por ejemplo, una reunión, una primera cita, o ser elegido presidente de la clase). Se hace para que parezcan más importantes de lo que realmente son en el curso general de los acontecimientos. Después de que el acontecimiento pasa, la vida sigue igual y se produce la decepción. El investir de glamour, por supuesto, es absolutamente obvio en la publicidad. Aquí la vemos sui generis. El cowboy es investido del glamour de la masculinidad, y la bailarina de ballet es investida del glamour de la feminidad. Los hombres se sienten atraídos por la personalidad, no por la marca; así, el cowboy representa el glamour de lo masculino que es resistente, fresco, suave, y está al mando. Las proyecciones de los consumidores sobre el producto es que les dará esos rasgos de personalidad deseados. La glamorización es vivir en un nivel de fantasía. Por lo tanto, cuando procedemos a dejar lo deseado, hay que diseccionar lo que hay de exageración, fantasía y romanticismo. Una vez que hemos renunciado al glamour, será relativamente fácil entregar el propio deseo. Si dejas el romanticismo del cowboy, por ejemplo, el cigarrillo o la hamburguesa de queso que tenia entre las manos en el anuncio perderá su atractivo. De hecho, para nuestra sorpresa, encontramos una y otra vez que el deseo que se adjuntó a la fantasía glamorosa; no era real desde el principio. Porque no había ninguna realidad en el, el mundo está constantemente vendiéndonos deshonestidad, sirviendo a nuestro deseos de aspecto romántico, glamorizado. Nos prometen hacernos más importantes de lo que realmente somos. El glamour a ese nivel de deshonestidad es una falsificación. La mente protesta: "¿Tengo que renunciar a toda esa emoción del glamour? ¿Tengo que dejar mis imágenes de gratificación emocional y excitación?" La respuesta es, obviamente, "No." No tenemos que renunciar a ello en absoluto. Y podremos alcanzar las metas sin esfuerzo y más fácilmente una vez que seamos conscientes de lo que estamos eligiendo. Podemos tenerlas directamente. Podemos ser atractivos, pero no lo conseguiremos de una manera falsa, como por conducir un cierto estilo de coche. Vamos a conseguirlo mediante el abandono de nuestra pequeñez y apropiándonos de nuestra grandeza, y de este modo reflejándola al mundo. Podemos convertirnos fácilmente en esa persona emocionante que la gente está ansiosa por conocer. Sólo tienes que elegir ser esa persona y dejar los bloqueos que surgen al desear ser así. Podemos tener lo que queremos directamente sin desviarse a través de alguna promesa fraudulenta que nos conducirá a la frustración y la decepción. El camino para convertirse en esa persona emocionante que la gente quiere conocer es muy fácil. Simplemente imagina el tipo de persona que queremos ser y entrega todos los sentimientos negativos y bloqueos que nos impiden ser eso. Lo qué sucede, entonces, es que todo lo que necesitamos tener y hacer automáticamente se coloca en su lugar. Esto es porque, en contraste al tener y hacer, el nivel del ser tiene mayor poder y energía. Cuando se le da prioridad, automáticamente integra y organiza las actividades de uno. Este mecanismo se evidencia en la experiencia común, "Lo que mantenemos en la mente tiende a manifestarse".


El Poder de Decisión Interior


No se trata de posiciones filosóficas, sino de procesos prácticos que pueden ser probados por la experiencia. Es fácil experimentar con estos conceptos y ver los automáticos resultados que tienen lugar. Debido a la tendencia de la mente a querer atribuir el mérito a cualquier otra cosa, otra que no sea el poder de nuestra propia conciencia, es bueno llevar un diario donde anotar las metas que nos gustaría alcanzar y luego verificarlas y hacer un seguimiento. ¿Por qué? Porque vamos a necesitar tiempo antes de que creemos que es verdaderamente nuestro propio poder el que está cumpliendo con estos fines. Este es un ejemplo interesante sobre la negación del poder interior. Un hombre, que estaba desesperado por un trabajo y bastante agitado por ello, fue instruido sobre la forma de aplicar la técnica de dejar ir a su situación laboral. Como era de naturaleza religiosa, se le aconsejó que se olvidara de conseguir el trabajo, dando vueltas en torno a Dios, y que entregara su deseo sobre el tema mientras permanecía abierto a lo que pudiera pasar. Una semana más tarde, contó: "Pues bien, el día después de que entregara el querer un trabajo, no pasó nada. Después recibí una llamada telefónica de larga distancia de mi cuñado, y voy a unirme a su empresa. Si no fuera por mi cuñado, nunca habría conseguido un trabajo. ¡Es cosa buena que no tuve que esperar a Dios!" Este es un buen ejemplo de lo que la mente tiene tendencia a hacer. Fue su propia entrega, por supuesto, la que trajo la llamada de su cuñado. Él deseaba tan desesperadamente el trabajo que el deseo estaba bloqueando el cumplimiento de esa meta. Cuando dejó de querer un trabajo, rápidamente apareció en las siguientes 24 horas. Sin embargo, la tendencia de la mente es a no reconocer su propio poder y proyectarlo en cualquier otra cosa del mundo. Esta es la razón de porqué la gente piensa por propia valoración que son impotentes. Tienen el poder, pero no han hecho más que proyectarlo sobre fuerzas externas. Todos somos seres poderosos que nos hemos vuelto inconscientes de nuestro propio poder; hemos negado y proyectado en los demás el sentimiento de culpa y nuestra propia sensación de pequeñez. La mayor parte de lo que pasa en nuestra vida es el resultado de alguna decisión que hemos tomado en algún momento del pasado, ya sea consciente o inconscientemente. Ya que esto es así, muy simple, entonces, vemos nuestras decisiones pasadas buscando en nuestra vida y haciendo un seguimiento hacia atrás. Este principio es demostrado por una mujer que vino a psicoterapia. Ella necesitó tratamiento porque, según sus palabras, "Mis relaciones nunca funcionan". Ella tenía una relación amorosa insatisfactoria tras otra y siempre era dejada sintiéndose usada y abusada. Estaba llena de resentimiento, autocompasión y depresión. El problema, por supuesto, se daba en su primera frase: "Mis relaciones nunca funcionan". Debido a que negamos el poder de nuestra propia mente, no vemos lo absolutamente obvio. Es muy curioso cómo hemos llegado a ser tan inconscientes. He aquí a una mujer que tiene la respuesta esperándola justo ahí, pero ella no ve que es la respuesta. Ella no ve realmente el poder de su propio sistema de creencias. Nuestra mente es tan poderosa que, si tenemos en mente un solo pensamiento como, "Mis relaciones nunca funcionan," entonces lo más probable es que suceda así en nuestra vida. Nuestro genio inconsciente, que sólo puede recibir órdenes y no tomar decisiones, se encarga de que nuestras relaciones no funcionen. Por supuesto, ella obtiene un montón de recompensas de su historial de relaciones decepcionantes. Ella llegó a experimentar la autocompasión, el resentimiento, los celos, la envidia y todas esas satisfacciones de las que el pequeño yo se alimenta sin cesar. Si nos fijamos en esa pequeña parte de nosotros mismos, veremos que este es el tipo de cosas en las que le encanta revolcarse. El pequeño yo se glorifica en lo miserable que es la vida, su correosa suerte, lo horribles que han sido nuestras experiencias y lo mezquina que ha sido la gente con nosotros. Pero pagamos un precio muy alto cuando escuchamos este conjunto de programas. Su corolario es obviamente cierto. Si nuestra mente, por su decisión, tiene el poder de hacer que las cosas negativas sucedan en nuestra vida, tiene entonces igual poder en dirección opuesta, la positiva. Podemos elegir todo de nuevo. Esta vez podemos elegir lo positivo. Podemos cancelar los viejos programas, y podemos hacerlo al comenzar a renunciar a la gratificación que estábamos obteniendo de las recompensas negativas. Ahora que hemos visto un poco el tema, podemos ir al término que describe mejor este conjunto de emociones: "egoísmo". El mero uso de la palabra inmediatamente establece una resistencia debido a la culpa. Todos nos sentimos culpables por el egoísmo. Esto nos coloca en una posición imposible ya que, a fin de llevar a cabo lo que el mundo nos ha enseñado, tenemos que caer en lo mismo por lo que luego nos condena: el egoísmo. Para estudiar el tema, primero tomaremos la decisión de que no vamos andar dándonos golpes por ello y entrar en la autoindulgencia de la culpabilidad. Eso es lo que es la culpa, en realidad, ¿no es así? Auto-indulgencia. En lugar de eso, echemos un vistazo a la palabra "egoísmo" como una mera descripción de las motivaciones colectivas y modos de operar del pequeño yo que es un aspecto genético de la mente y que, debido a nuestra propia ingenuidad, permitimos que sea programado, y ahora estamos resueltos a des-programar a la inversa, como la "desinstalación" de comandos en un ordenador. La razón para dejar el egoísmo no es la culpa. No es porque sea un "pecado". No es porque sea un "error". Todas esas motivaciones provienen de la conciencia inferior y la auto-crítica. Más bien, la razón para dejar el egoísmo es simplemente porque es poco práctico. No funciona. Es demasiado costoso. Consume demasiada energía. Retrasa el cumplimiento de nuestros objetivos y la realización de lo que queremos. Por su propia naturaleza, el pequeño yo es quien crea la culpa y su continuador; es decir, por el sentimiento de culpa nos esforzamos por lograr y alcanzar el éxito. Luego, cuando logramos el éxito, nos sentimos culpables porque lo tenemos. No hay ganador en el juego de la culpabilidad. La única solución es renunciar a él, dejarlo. A nuestra mente le gustaría hacernos creer que la culpa es laudatoria, y a los traficantes de culpas del mundo les encanta hacer un ídolo de ella. ¿Qué es más importante: sentirnos culpables o cambiar a mejor? Si alguien nos debiera dinero, ¿querríamos que se sintiera culpable por ello o que nos pagara el dinero? Si tenemos la intención de sentirnos culpables, por lo menos deberíamos elegirlo conscientemente en lugar de ser inconscientemente dirigidos a ello. Cuando dejamos de ser yoístas con "y" minúscula, nos adentramos en ser Yoístas con "Y" mayúscula. Pasamos de nuestro pequeño yo a nuestro Yo superior. Pasamos de la debilidad al poder, y del auto-odio y la pequeñez al amor y la armonía. Pasamos de la lucha a la facilidad, y de la frustración a la realización. En resumen, entonces, en lugar de la motivación del egoísmo y el deseo, podemos con mucho menor esfuerzo traer a nuestra vida lo que queremos visualizando lo que queremos que suceda. Hacemos esto mediante la afirmación de nuestra intención, al aceptarla, al decidirla, y por el acto de elegirla conscientemente.


Este capítulo está lleno de sabiduría te invito a releerlo e incluso tomar notas sobre las cosas que más te llaman la atención y te resuenan.


Un abrazo enorme y hasta el próximo post,


Virginia Silván-Dalprem Kaur




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